Y así
nos sentamos por horas
sin hablar,
pero sin callar.
Porque aquello no era silencio...
Tu mirada
me contaba una historia de amor;
mi sonrisa
te cantaba una melodía feliz...
Y así
nuestras manos se fueron enlazando
para hacer poesía.
Nuestros labios,
sin emitir palabras,
protagonizaban la pasión.
Nuestros cuerpos
construían sinfonías.
Y aunque aquellas no fueron palabras,
eran sonidos del alma...
No hay comentarios:
Publicar un comentario