Esa noche sentí tanto dolor
que me saqué el corazón y lo exhibí
como un collar de caprichos.
Y perdí la memoria...
olvidé el valor de una sonrisa,
desconocí el rostro ingenuo de un niño,
me causó desconcierto aquella lágrima
sobre una mejilla pálida.
Caminé erguido sin sentir el frío
de una mirada triste;
no recordé el calor de un buen abrazo
ni pude, siquiera, reconocer mi miseria
parado frente a una vidriera
contemplando el reflejo de un cadáver andante.
Entonces tomé mi corazón rojo y cálido,
lo tomé entre mis lánguidas manos,
lo apreté con toda mi fuerza
hasta perder la razón,
lo limpié de temor, de rencor y menosprecio
lo metí con fuerza en mi pecho y lloré...
Esa noche sentí tanto dolor!
Sequé una lágrima tonta y solitaria,
me cubrí con una manta caliente,
sentí latir mi corazón...
y seguí amando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario