VÍSPERAS

Suavemente con su rocío de luz
llegó el sol acompañado
de una silente brisa.

La calma fue el acento
de un viejo día de julio.

La brisa siguió inundando
las calles vacías...
Como largos pasillos
bordados de niños dormidos.

El bullicio se ahogó
en algunas lágrimas sordas...
Al silencio lo adornó
el rumor de alguna risa lejana.

La noche se hizo más larga.
La mañana casera y apacible...
La aurora fue creciendo
con el aroma de un café hogareño.

Llega el saludo final
y te aferras a lo que ya extrañas:

Una sonrisa inocente.
Una mirada alegre.
Algún gesto de amor.
Aquella chica...
La amiga entrañable de cada día.

Y así sucumbe el día... así comienza la despedida.

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