de una brisa que refresca mi refugio...
Apacible silencio de la calma.
Cueva solitaria
de angustias enredadas
en el eco resonante de unos gritos
que como molinos deambulantes
mi incitan a quedarme.
El encuentro se torna tormenta
en mi consciencia
y se dibujan siluetas de aquellas
mentiras que ahora son verdades.
Se agita la danza
y ascienden los trazos;
se estremecen los bordes
mientras mi cuerpo se cae
en pedazos.
Seguido del estruendo...
Silbido extendido
como una linea infinita,
un tono sutil que limita la calma
marcando el final del encuentro.
Y así, de a poco y suavemente
se va rompiendo el misterio
que de su dulce presencia
me retiene lejos.
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